El Daño Cerebral Adquirido (DCA) es una lesión repentina en el cerebro. Se caracteriza por su aparición brusca y por el conjunto variado de secuelas que presenta según el área del cerebro lesionada y la gravedad del daño.

 

Estas secuelas pueden provocan anomalías en la percepción, alteraciones físicas, cognitivas y emocionales. La principal causa de daño cerebral es el ictus, seguida de los traumatismos craneoencefálicos y enfermedades como las anoxias, los tumores cerebrales o las infecciones.

En España viven 420.000 personas con Daño Cerebral Adquirido y Cada año se dan mas de 100.00 nuevos casos. Además, mas del 35% de las personas que sufren un daño cerebral tienen menos de 65 años, por lo que se hace indispensable que estos pacientes tengan acceso a una rehabilitación lo mas completa posible para poder sentirse útiles y que puedan volver a realizar las máximas actividades que realizaban antes de la lesión.

Visualmente hablando, Recordemos que el 80% de la información que recibe nuestro cerebro tiene un componente visual, es decir, que la visión se encuentra en todo el cerebro, y por tanto es muy difícil que un daño cerebral no afecte en nada a la visión. Lo que ocurre es, que en muchas ocasiones, el daño no produce problemas tan obvios como una bajada de agudeza visual, sino que es un daño funcional que, por desgracia, ni paciente ni otros profesionales relacionan con la visión.

El principal propósito de este artículo es informar tanto a pacientes como a todos los profesionales involucrados en la rehabilitación de estos pacientes, de las consecuencias a nivel visual que pueden presentarse tras un daño cerebral adquirido y cómo desde la optometría y la terapia visual podemos tratar a estos pacientes para aportarles una mayor calidad de vida y que puedan volver a realizar (dentro de las posibilidades de cada caso) aquellas tareas que antes hacían.

Pacientes con secuelas visuales tras daño cerebral, suelen ser vistos por diferentes profesionales de la visión (oftalmólogos u optometristas), el problema es que muchos de estos profesionales no tienen el conocimiento para evaluar y tratar los síntomas que estos pacientes experimentan. En estos casos, es necesario acudir a optometristas especialistas en terapia visual o, como dice la literatura, neuro-optometristas para hacer una correcta y completa evaluación de todas y cada una de las habilidades visuales funcionales y perceptuales que puedan estar afectadas en estos pacientes.

Además de lentes y lentes de contacto, los neuro-optometristas también utilizamos filtros y/o prismas para compensar posibles secuelas en el campo visual y, como herramienta mas potente, disponemos de la terapia visual con el objetivo de aprovechar al máximo toda la visión sana para compensar el problema.

Para nosotros, el objetivo principal con estos pacientes es saber las actividades visuales que él antes hacía y tras el accidente no puede o le es difícil hacer. Esto servirá tanto a paciente como optometrista para marcar los objetivos del tratamiento. Algunas de las quejas comunes son:

  • Visión borrosa de lejos y/o cerca
  • visión doble en cerca y/o lejos
  • dolores de cabeza
  • sensibilidad a la luz
  • Sensación de que el mundo y los objetos se mueven constantemente
  • fatiga visual tras tareas que requieren esfuerzo visual
  • Problemas con el cálculo de distancias
  • pobre fluidez y/o comprensión lectora
  • mareos, vértigos, pérdida de equilibrio
  • Dificultad al bajar o subir escaleras
  • sensación de que el suelo “se hunde”
  • Sensación de que los objetos están en una posición diferente de la que creo
  • pérdida de campo visual
  • Mala postura corporal.
  • Giros o inclinación de cabeza.
  • Chocar con objetos o personas al caminar
  • afeitarse solo un lado de la cara
  • Problemas para conducir
  • Incapacidad para realizar 2 o más cosas simultáneamente.
  • Confunde objetos o palabras similares 
  • dificultad para reconocer el mismo objeto en diferentes orientaciones
  • dificultad para reconocer un objeto rodeado de otros objetos
  • problemas de memoria visual

Como hemos comentado anteriormente, la visión está presente en todo el cerebro y según el área afectada, los pacientes presentarán diferentes síntomas. Por ello, consideramos fundamental realizar una evaluación de todas y cada una de las habilidades visuales tras un daño cerebral. Las funciones visuales que pueden verse implicadas tras un daño cerebral son:

  • Estado refractivo
  • Estado sensoriomotor: movimientos oculares, acomodación y binocularidad
  • Campo visual
  • Procesamiento visual: centro-periferia
  • Función visual-vestibular
  • Fotosensibilidad
  • Percepción visual

Si no se evalúan todas estas funciones visuales a pacientes tras un daño cerebral, no podremos saber si la visión se ha visto o no afectada por la lesión. Además, en muchos casos, solucionar el problema visual es la llave para continuar avanzando en la rehabilitación, ya que, una alteración visual funcional puede interferir en el proceso de rehabilitación del paciente alterando la habilidad de integrar la visión con otros sistemas como el kinestésico, el vestibular o propioceptivo, alternándose así, por ejemplo,el equilibrio o la coordinación. Y en muchas ocasiones no se tiene en cuenta que la visión es una de las piezas fundamentales para un buen equilibrio.

Por todo ello, desde nuestro centro, ponemos en conocimiento de pacientes y otros profesionales involucrados en la rehabilitación tras daño cerebral de la importancia de una evaluación visual completa tras una lesión cerebral y, así mismo, hacemos un llamamiento al  tratamiento y la relación multidisciplinar en los casos de daño cerebral adquirido, que consideramos fundamental para atender las necesidades funcionales del paciente.

Alvaro Garcia
Optometrista Comportamental

 

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