Sin duda la respuesta es que en su primera semana de vida. Esa evaluación estará destinada a descartar patologías visuales relevantes que puedan afectar al desarrollo del bebé y no solo al desarrollo visual, sino también al desarrollo motor, educativo o social.

 

Un bebé que nace con, por ejemplo, una catarata congénita o una hipermetropía muy alta solo en uno de sus ojos, desarrollará una ambliopía (ojo vago) que tendrá consecuencias a todos los niveles. Al no ver con uno de sus ojos no tendrá estereopsis o será una estereopsis deficiente, por lo que sufrirá dificultad para calcular las distancias o la velocidad de los objetos. Si eso pasa, podemos imaginar, por ejemplo,  cómo se le darán los deportes de pelota. Además, su aprendizaje puede verse mermado por tener unas habilidades de lectura más lentas. Y, aun es más, si ese ojo llega a desviarse, las consecuencias estéticas y sociales pueden alterar su autoestima.

 

Una vez que hayamos descartado una patología congénita, debemos asegurar que su sistema visual se está desarrollando con normalidad, y para eso debemos realizar revisiones visuales tempranas por un optometrista comportamental.

 

Lo ideal es realizar la primera evaluación a los 2 o 3 meses de edad y posteriormente, y si todo va bien, al año del nacimiento. En la primera visita se evaluarán las siguientes áreas:

  • Oculomotricidad: en esta área evaluamos que los ojos del bebé tengan libertad de movimiento en todas las posiciones de la mirada y que no existan restricciones ni limitaciones.
  • Fijación: con 2 o 3 meses el bebé debería poder fijar la mirada en un estímulo durante algunos segundos. Esto es importante para después poder estabilizar la mirada en un objeto. En esta función, tanto el sistema vestibular del equilibrio como los captores del cuello, serán de gran ayuda para controlar el movimiento de los ojos.
  • Coordinación binocular: aunque ya sabemos que en la coordinación se va desarrollando hasta el primer año de vida, en los primeros meses podemos observar si existen desviaciones gruesas de los ejes visuales.
  • Reflejos pupilares: en esta área revisamos si la conexión entre nuestro ojo y nuestro cerebro es correcta. Evaluamos la existencia del reflejo a la luz y a la acomodación.
  • Agudeza visual: utilizamos métodos como la preferencia de mirada para evaluar si tu bebé tiene una calidad visual acorde con su edad.
  • Punto próximo de convergencia: se evalúa la capacidad de coordinar ambos ojos para la visión cercana-lejana.
  • Refracción: se mide para descartar la existencia de elevados astigmatismos o anisotropías (diferencias entre la graduación de ambos ojos).
  • Desarrollo motor: evaluamos si se están desarrollando los hitos motores correspondientes a su edad cronológica.

 

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Optometrista Comportamental.